Entrevista Ana Valín

Cuéntanos más sobre ti. ¿Quién eres? ¿Cómo fue tu primer contacto con la escritura y con la poesía?

Yo diría que soy alguien que todavía se está haciendo a sí misma, que está descubriendo que su zona de confort no es tan limitada como pensaba. Antes, siendo una niña, escribir era simplemente un proceso natural que me servía para entender las cosas que pasaban a mi alrededor. Ahora en cambio, construir versos no me lleva solo a hacer viajes hacia afuera sino sobre todo hacia adentro. La poesía me permite mostrarme en plenitud y sin miedos (aunque sigan existiendo vergüenzas y timideces) y eso es lo que me facilita ubicarme, posicionarme en el mundo.

Realmente, sin las palabras me sentiría tremendamente perdida. Sé, sin embargo, que a pesar de este descubrimiento por mi parte (igual un poco tardío), no vivimos en una era orientada a la escucha o al cultivo de la sensibilidad; sino más bien en una realidad demasiado fragmentada, que busca el éxito inmediato en todo y fundamentalmente el impacto visual constante. Así que, a veces, sigo sintiéndome una ave raris, de esas que prefieren dar un paseo por el bosque y cerrar los ojos durante un buen rato, en vez de encerrarse entre los ruidos de la ciudad o pasarse la tarde entera viendo memes de alguien que ni siquiera sé quién es, pero resulta que está de moda.

autora de en las latitudes de un miedo poliglota

Para mí la poesía es algo inmensamente oral. Cuando escribo siempre lo hago hablándome en alto, así que realmente yo creo que he estado conectada con ella desde siempre. De pequeñita me pasaba el día tarareando y construyendo rimas sin darme casi ni cuenta y ahora, de mayor, sigo haciendo lo mismo, solo que en lugar de canturrear me susurro palabras que acaban por ir de la boca al papel. Y lo bonito es que cualquier cosa puede ser un elemento alentador para mí a la hora de querer contar algo: unas alas de un cuervo que se está expurgando las pulgas, la mancha de aceite de un coche sobre la carretera que ha dejado la huella de un arcoíris artificial, la queja de mi hijo al despertarse, porque le puse la almohada a un lado y él prefería abrazarse a mi cuerpo…

Creo que con la poesía yo consigo ver cosas que para otros no están, porque se dejan arrastrar por un ritmo de vida muy infernal. Y es cierto, yo tengo TDHA, así que siempre parece que voy deprisa a todas partes, pero en realidad, con los poemas me ralentizo y consigo ver las pequeñas magias del universo como si todo funcionase a cámara lenta.

Además de escritora, eres docente. ¿Cómo compaginas estas dos vocaciones? ¿Tu trabajo como educadora te inspira sobre qué escribir?

No me siento capaz de definir la docencia como una vocación. Acabé ahí, rodeada de niños, igual porque sus cabezas son más fáciles de entender para mí que las de los adultos. Y eso que, cada vez hay más peligros rodeándonos, peligros que atentan contra la inocencia y la autenticidad de ser niño. Yo trabajo en educación infantil (de 3 a 6 años) y veo como la seguridad de ser pequeño poco a poco se va perdiendo. Mis alumnos de las primeras generaciones, cuando los saludo después de años, ya no los siento igual. Ya no son esos seres llenos de curiosidad con los que yo conecté, en su mayoría. Y eso me da pena y a veces les pregunto si siguen haciendo rimas como cuando estaban conmigo en clase. Hay muy pocos que contestan que sí.

representación

Realmente lo que más me apasiona es escribir. Viviría de ello si pudiera. Educar es algo complicado, para lo que nunca me he sentido completamente preparada. Por eso digo que no es vocacional. Poetizar en cambio no me exige demasiados esfuerzos ni me da sensación de frustración. Ahí yo nunca me juzgo. Me gusta lo que hago, aunque a veces salgan los versos más tristes del mundo. Compatibilizar ambas facetas quizás sea fácil por eso, porque con lo primero puedo comer físicamente y mantener a mi familia y con lo segundo… pues come mi intelecto, y mis ganas, y mis emociones y con ello creo que aprendo a ser mejor madre y mejor persona.

¿Cómo nacen tus poemas? ¿Qué te inspira? ¿Sigues algún ritual a la hora de escribir?

Hay mucha gente que me regala un montón de objetos que se consideran elementos fetiche del contexto literario. Libros con recetas especiales (manuales de escritura creativa) para escribir mejor, plumas, velas perfumadas, música relajante… Me hace gracia, la verdad, y realmente uso todos esos objetos, pero casi nunca para escribir. A mí el contexto me da igual. Lo que importa es que yo no me olvide al salir de casa de llevar la libreta y el lápiz. Lo demás viene dado. La vida te lo da si sabes observar. Como no estamos exentos ni del dolor ni del amor, sentir cosas tan intensas al final, en mi caso, exige escribir.

Fabricar estrofas no es más que poner orden en todo aquello que llevas por dentro. A mí me gusta más hacer esa clase de limpiezas que las que toca llevar a cabo de vez en cuando en la casa. Vaciar los armarios, y reordenar, y tirar y limpiar me parece un engorro, pero cuando aplico este sistema a mi subconsciente ya me apasiono más… Escribo prácticamente todos los días y cuando no lo hago, sinceramente me preocupo; me da por agobiarme pensando que ya no tengo nada más que contar.

Hace un tiempo, publicaste tu primer poemario “La muerte de Alicia (o el ocaso)”. ¿De qué trata aquel libro?

Hay muchos escritores que afirman que sus textos nunca tienen nada que ver con ellos mismos. Creo que eso una mentira, igual piadosa, pero mentira. Aunque inventemos muchos contextos y espacios, todo siempre es reflejo de nuestras vivencias y maneras de sentir. Con este primer poemario pienso que dejé muy claro que para mí escribir es una reafirmación. Me ayuda a superar etapas, obstáculos, dudas…

En este caso, venía de sufrir una depresión postparto muy severa, un socavón muy grande que me llevó a estar ingresada y tratar de explicar el porqué sucedió eso era necesario para mí. Yo no quería oír mas teorías, más teorías de los médicos diciéndome que en algunas mujeres hay una predisposición genética a sufrir este tipo de síndromes. No me apetecía oír más consejos de otras mujeres que decían que el problema está en vivir en España, donde la maternidad sigue siendo algo secundario en las políticas sanitarias y sociales. Seguramente todas estas cosas son verdad, pero yo necesitaba saber qué fallaba dentro de mí para no ser capaz de afrontar algo que había escogido conscientemente, voluntariamente y desde el amor más absoluto. Y creo que lo conseguí.

Anoté todas las preguntas que mi hija mayor tenía al respecto de este episodio: “¿aún nos quieres mamá?, ¿te podemos seguir llamando mamá o te duele que te lo digamos?, ¿es culpa mía por pedirte un hermano?, ¿ya no te gusta ser mamá?”… y las empecé a contestar a modo de poemas, sin indicar la pregunta en sí y surgió algo muy sincero. Creo que este libro es una reconciliación con mi feminidad y con mi necesidad de ofrecer lo que soy al completo para mis dos hijos.

En las latitudes de un miedo poliglota, loto azul

Llega el turno de tu segundo poemario, “En las latitudes de un miedo políglota”. Cuéntanos más sobre él.

Realmente ese episodio depresivo que te explicaba antes lo cambió todo para mí. Estar encerrada en un sanatorio sin saber si vas a conseguir recuperarte o no, es muy jodido. Me despertaba cada día con la imagen de mis hijos grabada en la retina y con ganas de volver a sentir algo que no fuera pena o incapacidad. Además, todos los que estábamos ahí dentro padecíamos de lo mismo, de una imposibilidad para seguir subsistiendo en las mismas condiciones. Y eso da muchísimo miedo. Saber que el mundo no está preparado para sostenerte cuando necesitas parar o dejar de dar, es aterrador.

Al volver a casa me di cuenta de que yo ya no era la misma y de que mi pareja no estaba para mí como yo necesitaba. No había abrazos, no había orejas dispuestas a oírme. Ni siquiera había reproches. La reacción era baldía, como si esas circunstancias vividas hubieran sido fruto de mi imaginación. Sólo mi hija Grecia preguntaba e indagaba y me agarraba la mano con una fuerza desmedida. De pronto, mirarme en los ojos de esa persona, tras casi dos décadas compartiéndolo todo, dejó de tener sentido para mí y empecé a notar que necesitaba despedirme. Fue algo muy complicado. Soltar al otro y dejarlo ir; reconocer que no es apropiado aferrarse, es muy difícil para el ser humano. Los animales son más instintivos en ese sentido. Saben irse cuando deben hacerlo y no miran atrás. Nosotros no. Sin razones conscientes no damos el paso.

Cuando el padre de mis hijos se fue y lo hizo sin siquiera decir adiós, comencé a escribir el libro. Quería darle un “hasta aquí” a la altura de nuestra historia de amor, quería decirle que sí, que fue un todo muy grande para mí, pero cuando más lo necesité no estuvo y por eso se convirtió en vacío. Hablar de los miedos en este caso tenía todo el sentido del mundo. Es miedo a soltar, miedo a empezar de cero, miedo a la soledad, miedo a estar conmigo misma y volver a escucharme sabiendo que yo por fin estaba hablando por mí y no a través de otra persona (mi pareja), miedo a ser madre sin él,  miedo a volver a sentirme enamorada…

De momento sólo te puedo decir que el propósito de despedirme correctamente está cumplido. El resto de cosas no, porque son muchos los temores a enfrentar y eso exige tiempo.

La portada del libro para ti tiene un valor añadido. Cuéntanos el motivo.

Pues está basada en un dibujo de mi hija. Ella diseñó la portada y fue absolutamente inteligente al hacerlo. Le expliqué el título y le leí algunos fragmentos para que pudiera hacerse una idea del contexto y lo cierto es que me mandó a la porra. Me pidió “libertad creativa” y apareció con una portada binómica. El título solo alude a los miedos y a su capacidad para atacarte en cualquier momento y circunstancia, pero la portada habla de esperanza. Al lado de los miedos está el valor y no es una oposición sino una consecuencia.

Según Grecia, yo soy valiente y como lo soy y reconozco que tengo miedo, seguramente consiga superar cada obstáculo que se me presente, incluso el de estar sola. Así que, al mirar el libro vemos a una mujer de espaldas sentada ante un horizonte inmenso. Una escalera sube por encima de su cabeza y divide el escenario en esas dos partes -miedo y valor-. Dicha escalera es el camino que la mujer debe tomar para mirarlo todo desde una perspectiva aéra y sobre todo, para dejar de escuchar el resto de voces y poder así oír la propia. Me parece absolutamente maravillosa esta idea.

Loto Azul, Ana Valín

De todos los poemas que componen el libro. ¿Cuál dirías que es tu favorito y por qué?

Casi siempre leo el mismo, pero reconozco que últimamente me cansa. Es verdad que habla de cosas que me resultan valiosas como no dejar que otro imponga su voz enmudeciendo la mía; la necesidad de construirme nuevas alas y de tener un corazón más inteligente que no esté  extrañando lo que nunca fue del todo real. Pero el libro es más amplio que eso. Ayer, por ejemplo, lo abrí al azar y apareció este poema sobre la lástima (página 59).  Me gustó leerlo:

Nadie quiere que lo miren con pena.

Yo no quiero.

La misericordia a veces parece algo tan distante,

algo solo propio de los ricos en momentos felices

que de vez en cuando se acuerdan de las miserias de los otros

y bajan la cabeza para ver lo que se arrastra por el suelo.

¿Qué hay en las profundidades

de tus bajos fondos?

¿Qué hay en tales distancias

que parecen interminables

porque cuando tiro esta piedra desde mi tejado

no oigo cómo consigue llegar al final de su recorrido?

Y parece mentira

que te hagas tan inaccesible

justo a una altura tan pequeña,

una que no deja margen al estiramiento de los sueños

ni al alcance con las yemas de los dedos

de unas pocas nubes de algodón.

No me gusta la compasión de nadie.

Nunca me ha gustado

ni la tuya antaño, cuanto te decías mío,

ni la de ahora que ya te has retirado

en tu empeño de entenderme.

Con los poemas, encontramos quienes prefieren leerlos y quienes prefieren oírlos recitados. En tus presentaciones, esos poemas cobran vida y deleitan a todos aquellos que asisten. ¿Recuerdas alguna anécdota relacionada con la lectura de alguno de ellos?

En Sarria, en una de las últimas presentaciones leí a dúo con un compañero de Slam un poema, pero no era mío, era suyo. Él lo escribió para mí. En los circuitos poéticos me dicen “Mirlo Blanco” y mi compañero Roberto do Pacio fue tan generoso que creó un poema preciosísimo sobre este mote. Habla de no dejarse engañar por las apariencias, porque un Mirlo Blanco puede parecer algo frágil y poco hostil pero su canto, cuando se eleva, resulta rotundo y revelador. Además termina de una manera cadenciosa diciendo que no hay peor depredador que uno mismo, si decide morir de inanición, sin hacer nada, simplemente agachada en una jaula de espino. Está escrito en gallego, porque Rober es un poeta muy conectado con su tierra y su idioma. Fue un regalo maravilloso para mí.

escritora y poeta

La agenda de presentaciones no para de crecer. ¿Dónde podemos verte próximamente?

La verdad es que termino por lo pronto de hacer presentaciones. Me da tristeza admitir que fue una experiencia muy bonita, pero con muy escaso público. Cierro en este mes de noviembre con presentación el 19 en el ayuntamiento de Teo acompañada de la alcaldesa, Doña Lucía Calvo de la Uz, una mujer muycomprometida con la cultura y con la sensbilidad femenina. Luego participaré el día 25 en el Slam de Bóveda y finalmente el 3 de diciembre tendré en Vigo un micro abierto en relación a la cuestión palestina. A partir de ahí pensaré en otros enfoques para dar visibilidad a mi libro pero ya con más calma y menos viajes, tal vez firmas de libros en librerías de referencia o más entrevistas como esta.

Poeta Ana Valín

Para terminar, dinos dónde podemos conseguir nuestro ejemplar de “En las latitudes de un miedo políglota”.

La opción más fácil, sobre todo si lo queréis dedicado es pedírmelo a mí. Hago envíos a cualquier sitio de España, si bien en este caso cobro 3 euros más por los gastos de envío. Sino, directamente a la editorial o en cualquier librería se puede resevar, porque yo ya estoy en el circuito comercial. Sólo es pedir por el título y la editora, Loto Azul. Y en cuanto a buscarme… Tengo dos perfiles en Instagram desde los que podéis contactarme @soyelmirloblanco o @anavalingarcia. Esta opción me gusta más, porque luego podéis hacerme feedback cuando lo hayáis leído. Me encanta que me indiquéis vuestras consideraciones.

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MIRIAN ROMERO FOTOGRAFIA
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