Entrevista a Sebastián G. Sancho

Has vivido muchas vidas en una sola: escritor, músico, ilustrador, tatuador, speaker, podcaster, sindicalista… ¿A qué se debe tanto cambio? ¿En cuál de todas fuiste más «tú»?

Todo vino por culpa de una depresión. Nada parecía tener sentido y mi vida se escapaba día a día con la certeza de que no había hecho nada con ella. Algo estalló en mi cabeza y decidí que no iba a esperar más ni a ponerme más excusas. Volví al boxeo a pesar de mi edad, comencé a aprender a tatuar, me quité el miedo a ilustrar portadas, retomé la música… Y eso fue lo que me sacó de la depresión. Que cuando la muerte venga a buscarnos, la sorprendamos habiendo vivido más de una vida. Y en cada una de estas facetas, mejor o peor, siempre he sido el mismo. En este mundo de locos, donde todo parece cambiar tan rápido, me conformo con que el mundo no me cambie a mí.

escritor

¿Qué oficio te ha enseñado más sobre la naturaleza humana?

A pesar de haberme visto en situaciones límite de mucha violencia, donde mejor lo comprobé, curiosamente, fue como delegado sindical. Había personas que estaban en la lucha desinteresadamente, y otras que solo lo estaban para buscar el beneficio propio. Algunas que solo buscaban crear conflicto, pero que reculaban en cuanto este llegaba. Del mismo modo, había personas agradecidas por cualquier mínimo detalle y otras que, habiendo luchado por ellos con uñas y dientes, después ni te miraban a la cara una vez habían conseguido lo que querían. Es así, la naturaleza humana en todo su esplendor, para bien y para mal.

¿Qué es lo que más valoras en los demás?

Por encima de todo, la lealtad. Y esto no es fácil, porque el mundo que nos rodea es individualista, alejado de valores que parecen cosa del pasado y en el que ya no se es leal ni con uno mismo. Esto, quizá, me hace ser un poco más intenso de la cuenta, pero así soy yo.

¿Qué experiencia vital tuya jamás imaginaría un lector al leer tus libros, pero está más presente de lo que parece en tus historias?

La capacidad de amar y de ser valiente a pesar de todo. En definitiva, la épica. A pesar de que el suspense y el terror psicológico, los géneros en los que me muevo, no son famosos precisamente por albergar estos sentimientos, creo que están muy presentes en mi obra. Y es algo que aplico a mi vida.

libro de Sebastian G. Sancho

Has trabajado en entornos donde la violencia es real. ¿Cómo se transforma esa experiencia cuando la llevas a la ficción? ¿Se vuelve más honesta… o más peligrosa?

Creo que vivimos en una sociedad que da la espalda a la muerte, al terror, a la maldad… y, en cierto modo, a la realidad. Cuando vemos que una persona ha cometido un crimen, lo tildamos de monstruo, de psicópata, de cualquier cosa que nos mantenga aislados en nuestra burbuja. Pero no son monstruos, son personas. Y a veces no somos capaces de verlo, precisamente por eso, porque no queremos aceptar que sean reales. Y eso es lo que trato de hacer en mis novelas: abrir los ojos para mirar de frente a ese horror de manera honesta.

Escribes suspense y terror psicológico. ¿Qué te da más miedo: lo que el ser humano es capaz de hacer… o lo que es capaz de justificar?

Sin lugar a dudas, lo que es capaz de justificar. En los últimos tiempos, da igual el signo político al que miremos, nos hemos hecho expertos en despersonalizar al prójimo. Y esto hace que justifiquemos actos absolutamente deleznables. Aconsejo leer Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt y su concepto sobre la «banalidad del mal».

¿Te inquieta más la muerte en sí… o la posibilidad de no haber entendido nada antes de que llegue?

Con honestidad, y sin ánimo de hacerme el valiente, he mirado a la muerte de frente en más de una ocasión. Y no, no le tengo miedo. Lo que me asusta es morir sin haber vivido.

Si pudieras tatuarte una frase de tu propia obra que te represente hoy, ¿cuál sería y por qué?

Tatuarme una frase mía sería un tanto presuntuoso, ¿no crees? Sin embargo, quizá algún día me tatúe en el hueco de la mano, entre el pulgar y el índice Per aspera ad astra como recordatorio permanente cada vez que cojo el lápiz para dibujar, la pluma para escribir o el micrófono para cantar.

Autor Sebastian G. Sancho

Y por último, ¿ese bigote tuyo siempre te ha acompañado?

Por supuesto. Nací con él. Hay niños que nacen con dientes. Pues yo nací con este bigote.

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MIRIAN ROMERO FOTOGRAFIA
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